Ciudad Real Madrid (Valdebebas). Con la resaca dulce del asalto al Camp Nou todavía palpitando en el madridismo, José Mourinho se encargó en la mañana de este martes de devolver a todo el mundo a la tierra. Antes de saltar al césped del Campo 1, el técnico luso reunió a la totalidad de la plantilla y cuerpo técnico en una improvisada charla en corro de diez minutos. Mensaje unívoco, rotundo y con el sello inconfundible de The Special One: prohibido celebrar nada antes de mayo.
«El Clásico ya es pasado. Se acabó. Ganar en el Camp Nou vale tres puntos, exactamente los mismos que ganar el próximo sábado. El liderato en octubre no entrega trofeos, solo nos pone una diana gigante en la espalda para que todos quieran tumbarnos. En este club, los títulos se festejan con copas en la mano al final de temporada, no en la jornada diez. Quien baje los brazos un centímetro, se va al banquillo».
Plan de rotaciones: descanso para Mbappé y paso al frente de Diomandé
La sesión matinal combinó trabajo regenerativo en el gimnasio para los futbolistas con mayor carga de minutos (Courtois, Carvajal, Tchouaméni, Bellingham y Mbappé) y circuito de alta intensidad con balón para la segunda unidad. Mourinho tiene muy claro que el liderato se sustenta en la profundidad de banquillo.
En el foco de todas las miradas estuvo Yan Diomandé. El jovencísimo atacante, autor del 0-2 en Barcelona tras su apoteósica volea ante el Leipzig, completó la sesión con el grupo sin secuelas del esfuerzo y apunta a ser titular indiscutible en los próximos compromisos. Junto a él, Arda Güler y Eduardo Camavinga comandaron las pruebas de presión tras pérdida, un apartado que el cuerpo técnico considera el termómetro innegociable de este equipo.
Sesión de vídeo: corregir los diez minutos finales
Pese a la algarabía generalizada por los tres puntos, Mourinho dedicó cuarenta minutos previos en la sala de vídeo a repasar con los zagueros las tres transiciones que el FC Barcelona logró encadenar en los compases finales. «El rigor no es negociable», insisten fuentes del cuerpo técnico. Mientras en la capital se desata el optimismo, Mou ya tiene la mirada fija en el próximo reto: blindar el liderato con sangre fría y máxima exigencia.